Desde dónde hablamos cuando hablamos de(sde el) arte


Primeras representaciones rupestres junto a signos y puntos

 

Por @Ricardo_AMASTE
Texto completo en pdf
‘Un des-artista es alguien involucrado en la tarea de cambiar de trabajo’,
‘Abandonar el arte es el arte’, ‘La tarea pues, es hacer, teniendo el
pensamiento arte presente, pero manteniendo la actividad tan alejada
de la etiqueta arte como sea posible’
‘La educación del des-artista’
Allan Kaprow, 1970, Ed. Ardora
‘Contra el arte unilateral, la cultura situacionista será un arte del diálogo,
un arte de la interacción. Contra el arte conservado, es una organización
del momento vivido, directamente. Contra el espectáculo, la cultura
situacionista realizada, introduce la participación total’
‘La creación abierta y sus enemigos’
Textos situacionistas sobre arte y urbanismo

1977, Las ediciones de La Piqueta

Los debates sobre qué es el arte, qué hacen l*s artistas, cuál es nuestra función, son temas que ocupan mucho tiempo (¿demasiado?), tanto dentro del propio contexto artístico (¿metalenguaje, diferencias gremiales, búsqueda de sentido?), como en la sociedad en general, con un sentimiento ambivalente entre el rechazo y la fascinación. Entre las acusaciones por su (supuesta) no-practicidad o su elitismo intelectual y social, y una irremediable atracción, provocada en gran medida por esa misma incomprensión. Al fin y al cabo, el arte nos ha acompañado desde el momento en que tomamos consciencia de nuestro ser, de nuestra capacidad para la representación simbólica. Porque el arte -y no el desarrollo de tecnologías-, es lo que nos hace específicamente humanos.

Desde aquella mano graffiteada en una pared con un sentido entre mágico, de autoafirmación y representación; hasta múltiples relaciones tangenciales y sinérgicas con las ciencias, con la filosofía, con las formas de poder, con lo social o lo económico; investigando con-en nuevos (y viejos) lenguajes, modos y sistemas relacionales, materiales, tecnologías, experiencias, escenarios de actuación, canales de comunicación, etc. El arte atraviesa la historia de la humanidad. En todas las épocas se nos ha revelado como una manera de interpretar e interpelar el mundo a través de imágenes, relatos, sistemas, objetos, conocimiento, subjetividad, que nos han ayudado a comprendernos, a evolucionar, a ponernos en cuestión.

Y en todo este tiempo el arte se ha mostrado como tal. Ha seguido siendo arte, a veces más allá del propio arte, incluso a su pesar. Repensándose y reformulándose. Desde su cierta pero compleja especificidad -para bien o para mal, muchas veces y en la actualidad, poco especificable-, de forma concreta o expandida, desde lo situado o evasivo, Y es que no hay un arte, sino muchas prácticas artísticas, en todo caso, un arte con muchas formas y fines. Prácticas artísticas ocupando espacios en ocasiones hegemónicos, pero casi siempre intermedios y desenfocados. Porque el arte (si lo es) se mueve por los límites, en las fisuras, significa búsqueda, experimentación, tensión creativa, innovación, transformación, enfrentarse al ser… Transitar por umbrales que siempre están ahí, en medio de todo y en el centro de nada, que se evidencian en tiempos manieristas como los que ahora vivimos.

Más compleja y controvertida si cabe es la figura del artista. Entre el chamán, el genio, el maestro artesano, el investigador, el mediador, entre la práctica amateur y el profesionalismo, entre la figura de prestigio y el paria. Escapando de todos estos estereotipos. En todo caso, alguien que reclama la autonomía de su práctica, entre la contingencia de lo excepcionalmente protegido y lo permanentemente expuesto.

Una figura -la del artista-, periférica pero central, por sus capacidades para crear, para producir campo simbólico y nuevas subjetividades. Capacidades puestas a veces al servicio de fortalecer o desarrollar normas y sistemas, otras muchas para subvertirlos, para transgredirlos. Capacidades ligadas a actitudes comprometidas, antagonistas, serviles, críticas, empoderadoras, adoctrinantes… Una diferencia ética de actitudes, fácil de juzgar con perspectiva histórica, pero mucho más compleja de valorar cuando se hace un análisis sobre las prácticas y los resultados del trabajo de l*s artistas de un modo contemporáneo.

Pero intentémoslo. Voy a hacer un pequeño ejercicio de auto-ayuda, centrándome en el papel del arte y l*s artistas hoy, Un ejercicio parcial y partidista, seguro que tergiversado, basado en nuestras propias prácticas desde AMASTÉ y en otras cercanas, que nos sirven de referencia en cuanto a actitud, forma y dispositivo, tiempo y lugar. Tratando de entendernos y que se nos entienda. Evidenciando las dudas, las contradicciones, los miedos.


Monumento a la Tercera Internacional de Vladimir Tatlin

 

Primero una brevísima clase de historia

Podríamos remontarnos más atrás, pero un buen punto de partida podrían ser las vanguardias. La primera parte del siglo XX fue un tiempo para las revoluciones. Un bullir de ismos y manifiestos, muchos contrapuestos, basados en la diferencia, todos en un intento moderno de transformación radical, con un gran empeño por librar al arte de la mera representación mimética de ‘lo real’, de su sometimiento a la convención, a la academia. Se trataba de dotar al arte de autonomía para poder trascender en su función. Es el tiempo de movimientos como el Constructivismo, el Futurismo, el Dadaísmo, la Bauhaus, el Expresionismo o el Surrealismo, con artistas muy comprometidos, implicados social y políticamente, que trataron, desde el arte, de forzar y desarrollar las ideas, de llevarlas más allá, liberarlas de la ideología.

Tras la II Guerra Mundial la derrota del Nazismo no trae sino la imposición de otras formas dominantes de ideología totalizadora. Se implanta un modelo bipolar que encarna las peores facetas del Capitalismo y el Comunismo, que someten al arte a una función propagandística desde expresiones formales contrapuestas, todas ellas en nombre de la libertad, siendo mero instrumento del poder: el Expresionismo Abstracto y el Mínimal, el Realismo Socialista, que terminarían encontrándose en el Pop-Art.


La internacional Situacionista reclamando el fin del trabajo alienado

 

En respuesta a estos modelos alienantes, emergen movimientos que recuperan el espíritu exploratorio vanguardista, desde prácticas eminentemente artísticas como el Conceptual, el Póvera, el Lant-Art o la Crítica Institucional, hasta prácticas que tratan de saltarse el marco artístico y diluirse con la vida más cotidiana, como el Situacionismo, el Fluxus o las múltiples expresiones contraculturales, Se conecta con otras prácticas sociales y políticas, con otros ismos como el Feminismo, el Ecologismo, el Pacifismo. Se (re)producen prácticas y formas artísticas en un campo expandido, ligadas al activismo, al diseño, a la intervención en el espacio urbano y en la naturaleza, a la participación y la mediación, a la actuación en los campos de la economía, de los medios de comunicación, de la educación, de las ciencias sociales. Podría parecer que hay una oportunidad.

Entonces llega la posmodernidad, para poner orden desordenándolo todo, para terminar con las utopías en nombre del relativismo y el eclecticismo, como manera de enfrentarnos con menos ansiedad a la incertidumbre de un mundo que se desmantela, que se hace líquido. Todo es neo- pero suena a viejo, una fórmula agotada al servicio del mercado. Tras el alocado desconcierto de los 80, empiezan a derivar la Estética Relacional, el Arte Contextual, la Estética de Laboratorio y otras muchas cosas sin nombre. Un desbordamiento que tiene como respuesta normativizadora el Arte Internacional, una vuelta al orden, a un arte homologado, legitimado por(desde) el (sistema del) arte. Nada (todo) parece valer más allá del perturbado sueño del Capitalismo Neoliberal, retorcido hasta su expresión más perversa y nihilista, ahora en su faceta inmaterial y cognitiva, Un mundo anti-intelectual que sucumbe a la inteligencia artificial. Pura postproducción.

Y aquí seguimos, con los debates sobre qué es el arte, qué hacen l*s artistas, cuál es nuestra función, qué podemos-debemos aportar en este final y/o principio de algo.


COPYSHOP de SUPERFLEX

 

Una posibilidad para-desde donde operar en relación a la categoría arte

En los últimos años, desde AMASTÉ muchas veces hemos tenido que justificar nuestra relación con el arte: si lo que hacemos es arte o no, si tiene sentido como tal… Al mismo tiempo, hemos tenido que explicar nuestras iniciativas en el marco de la innovación social, la educación o la economía, no sólo como arte. Eso -además de para desarrollar un cansino mecanismo de defensa frente a quienes insidiosamente todo lo quieren fiscalizar, quienes burocráticamente necesitan tenerlo todo etiquetado en su correspondiente caja, y en definitiva, quienes quieren seguir teniendo todo bajo control protegiendo sus propios intereses-, sobre todo nos ha servido para reflexionar sobre nuestra propia práctica, abrir conversaciones con otras personas y colectivos que también andan a la deriva (cruzando impresiones con Saioa, Santi, Arantxa, Amalio, Ainara, ptqk, Aimar, María, Roberto, Maider y mucha más gente), y definir una posición llena de matices y en constante movimiento, pero que utilizamos como punto de referencia, como posibilidad para (desde dónde) operar en relación a la categoría arte. Y estamos aquí:

Sobre el arte como una forma de generar otras narraciones, otras subjetividades, otros espacios para lo simbólico, lo disruptivo, lo inesperado, lo emocionante, lo emergente. Otras formas de acercarse y agitar la realidad, para transformarla, para afectarla, para modificarla (al menos) momentáneamente.

Sobre el arte como medio para la reflexión en acción, con que atravesar los conflictos y deconstruir la norma, como posibilidad para la mediación, como membrana, como catalizador de la actividad individual y colectiva, como espacio para el encuentro y la comunicación.

Sobre el arte como práctica experimental, que estimula la imaginación, la discrepancia y el pensamiento crítico, abre alternativas y, si no genera respuestas, si formula nuevas preguntas.

Sobre el arte como una manera de ayudarnos a interpretar el mundo en el que vivimos y a entendernos a nosotr*s mism*s inmers*s en él. Como sociedad-grupo-comunidad y desde lo individual, íntimo y personal.

Sobre un arte que quiere ser público para pensar la vida pública.
Sobre el espacio público como lugar para la acción cultural, social y política. Como un espacio para la ciudadanía, frente a la afirmación simbólica del poder (sea cual sea).

Sobre intentar contribuir a poner en valor a los agentes del propio contexto en el que se actúa. Hacer visibles comunidades emergentes de personas afectadas, a través de procesos de empoderamiento y de prácticas colaborativas, abiertas, que favorezcan la co-creación, la producción cooperativa entre iguales. Dar-tomar el tiempo, la experiencia, la tecnología, la palabra.

Sobre la práctica y la experiencia artística surgida de ámbitos y espacios híbridos, transdisciplinares, multiformes e intermedios, mestizos y mutantes, bastardos a mucha honra, encarnándolo políticamente.

Sobre esforzarnos -tratando de no caer en paternalismos-, en promover un acercamiento distinto de la gente al arte. O simplemente renunciar a nombrarlo como tal, ya que el objetivo de muchas iniciativas no es ser reconocidas como ‘arte’, sino otros fines diversos, que se considera pueden alcanzarse operando desde el arte (o algo parecido a determinadas prácticas y expresiones artísticas).

Sobre la función del artista como alguien que propicia-activa flujos, situaciones, (des)encuentros, conversaciones, mutaciones, procesos, remezclas.

Sobre trabajar en el contexto, desde la práctica artística, sin producir arte (o si).
Sobre comprometerse, involucrarse, afectarse, más allá de dejar huella.


Jamás apoya la muleta, de Miguel Noguera

 

Pero ¿qué podemos esperar-ofrecer al arte?

Está claro que desde el arte tenemos que (re)pensar de manera (auto)crítica sobre nuestro papel en un mundo aparentemente cada día más complejo en su paradójica simplicidad. Tecnologías que nos dan acceso, nos conectan, pero a un todo ultrafragmentado. Globalización que nos sitúa en una red de periferias. Apuesta por los modos de organización, producción, distribución y consumo abiertos, que además y sobre todo querrían ser libres para fortalecer lo común. Lucha de identidades por la hegemonía en vez de celebrar la diversidad y potenciar interdependencias y micropolíticas. Capitalismo metamorfoseándose que se fija en el arte, pero no en lo que hacemos (mercancía que devora y defeca y en el mejor de los casos vomita), sino en lo que somos, fascinado tanto por nuestra autoprecarización militante como por nuestra capacidad para seguir creando a pesar de todo… Emocionante pero agotador. Apocalíptic*s o/y adaptad*s. Homeopatía, virus letal o meros opiacios. Evasión o victoria. Construir-deconstruir-destruir.

Ahí estamos, pensando sobre un arte que siga siendo arte, incluso más allá del propio arte, incluso a su pesar; sin quedar enredado en esa especie de laberinto de espejos en el que puede parecer que el arte es todo, que todo es arte (para terminar siendo nada). Un arte que no contrapone ética y estética, sino que crea un rompecabezas con el que se interroga sobre su propia forma, sobre la ética sin moralismo y la estética sin formalismos. Un arte que no busca reconocerse a sí mismo, sino seguir experimentando, también de manera aplicada (por qué no); pero huyendo de la servidumbre cortoplazista del trinomio pragmatismo / eficiencia / eficacia, sin someterse a planes predefinidos, ni indicadores homogeinizadores, sin que la obediencia ciega al para qué impida adentrarse en la extrañeza, desviarse por otros caminos, probablemente pertinentes si queremos salirnos de una ruta que ya sabemos no nos lleva a ninguna parte. Un arte que no debe olvidar su potencialidad originaria para el desarrollo de lo simbólico, entre la razón y la emoción; que para resultar práctico en otros ámbitos necesita de otras mediaciones-relaciones complementarias que le permitan mantener (actuar desde) su especificidad. Un arte que corre un claro riesgo de instrumentalización e institucionalización (del sistema del arte, del Capitalismo o en realidad, de cualquier sistema hegemónico que tiende por naturaleza a apropiarse de todo), y que a pesar de todo, elige ser; aunque sea huyendo permanentemente de la convención y el populismo, que se imponen de la mano del neoliberalismo (¿quizá hay que dejar de huir?).

Pero también esperamos un arte que no reclame su excepcionalidad como si de un rancio fuero se tratase. Un arte menos autocomplaciente, autoreferencial, gregario ¿exclusivo y excluyente?; más (auto)crítico, más profundamente (in)coherente e (i)responsable, más dispuesto a volver a acercarse (implicar-afectar) a las personas sin renunciar a lo que es, pero sin pasar de puntillas por el momento en que le corresponde ser.

16 Respuestas a “Desde dónde hablamos cuando hablamos de(sde el) arte

  1. Gracias, Richi, por este interesante “ejercicio de auto-ayuda”. Veo que lo dejas todo abierto. Marca de la casa. Y leyéndote constato algo que hace especialmente difícil entender el arte y los artistas: un relativismo radical que tiene de bueno su capacidad de entender la complejidad desde lo paradójico, pero con tantos “sí pero no, no pero sí” que uno termina echando en falta ese puntito práctico de simplificación que todos necesitamos para lidiar con la jodida incertidumbre.
    De acuerdo con que “no hay un arte, sino muchas prácticas artísticas”. Esto hace la conversación más difícil porque es como apuntar a múltiples dianas móviles. Pero #Yoconfieso que ese “relativismo de la posmodernidad” al que tú te refieres a mí me harta un poco. Es agotador. Creo que muchos artistas lo usan como mecanismo para mitigar la ansiedad (y los riesgos) de tener que posicionarse. Por otra parte, creo que en el mundo del arte hay una hipersensibilidad hacia la crítica, escuece y hiere mucho; algo que me resulta bastante paradójico porque uno espera (estoy generalizando) que en el ámbito creativo las personas tengan menos sentido del ridículo y se centren más en el proceso que en el resultado. Esa hipersensibilidad hace que la gente juegue a la ambigüedad, a decir y no decir, a contemplar todas las opciones, a un “café para todos” que siempre les va a permitir “justificar” por qué hacen esto o aquello. No acabo de comprender la figura del artista (si lo es) que vive obsesionado con los resultados.
    Por cierto, parte del esfuerzo de simplificación y humildad que busco en los artistas (en aquellos que quieren trascender su función) es mitigar ese paternalismo arrogante con que a menudo pretenden acercar el arte a los no entendidos.
    Hablando ahora en positivo, lo que más me gusta del arte (y los artistas), tal como yo los entiendo, es su capacidad para moverse en las intersecciones y buscando los límites. Esa intención de desafiar las etiquetas los hace especialmente hábiles para lo disruptivo. También aprecio su “espíritu exploratorio” y lo que eso puede aportar a la práctica innovadora dentro de las oportunidades que se abren con el llamado “arte expandido” => Eso que llamas tú “el arte como medio para la reflexión en acción” y que creo que lo resume muy bien. También la idea del artista como driver para estimular la imaginación, la discrepancia, y sobre todo… el pensamiento crítico. Valoro cada vez más esa faceta… pero sólo en las personas con un perfil constructivo, porque tenemos algun*s que sólo sirven para sumar entropía. El artista también es muy bueno como “activador de remezclas”, y por eso hablaba el otro día en mi post de Conexiones Improbables.
    Como sabes, la relación entre arte e ideología es aún más polémica. Sospecho por sistema de cualquier esfuerzo consciente de “liberar las ideas de la ideología”. A riesgo de decir algo manido, el artista que cree conseguirlo está posicionándose ideológicamente. No hay manera de instalarse en un territorio neutro o ascético, por mucho que lo intente. Hay activistas, muermos y free-riders, pero situados siempre en algún punto del continuo ideológico, sean conscientes de ello o no.
    Richi, los celos corporativos y la pureza profesional son una práctica empobrecedora que entiendo que “obligue” a justificar y explicar por qué nos movemos tan ajenos a taxonomías pre-establecidas. Es un desgaste energético que uno ya sabe que debe cargar en el Debe del balance de cualquier proyecto. Resulta cansino, así es, pero tiempo al tiempo. No hay nada que no se resuelva con paciencia. Un abrazo 🙂

  2. Joder Amalio, yo que he tratado de hacer un txt que no fuese relativista! Con sus por dónde sí y por dónde no. Porque el todo vale sirve principalmente a quienes quieren que nada cambie realmente.
    Lo mismo me pasa con las ideologías. Nada más lejos de pretender una práctica apolítica. Hacer arte debe ser tomar partido (implicarse), pero teniendo cuidado con no ser instrumento ni partidista ni de dogmas que tratan que las ideas se fijen como verdades absolutas.

  3. Hola

    Interesante repaso. Estoy de acuerdo con Amalio en lo de la practicidad, los intersticios, la exploración y la activación. También, cómo no, con la sacudida hacia la puesta en marcha del pensamiento crítico. Llámale visión del arte como palanca, quieres.

    Lo del primer párrafo sobre que “Porque el arte -y no el desarrollo de tecnologías-, es lo que nos hace específicamente humanos” me ha hecho pensar sobre qué basas semejante exclusivismo y he imaginado qué te diría, por decir alguien, Eudald Carbonell. He agradecido la ilustración sobre el siglo XX y cómo lo has resumido. Bien.

    Voy a hacer una segunda lectura. La primera me ha dejado con la pregunta que siempre nos hacía el director del centro de investigación del CSIC (matemático) donde empecé mis pasos como investigador.

    “Antes que nada hay que preguntarse ¿Cuál es el problema?”

    Pero esto me pasa siempre que leo rápido.

    Un abrazo

  4. Aupa Ramón.
    No es que quiera yo un espacio exclusivo ni exclusivista para el arte respecto a las tecnologías. Esa frase viene por el acoso y la deslegitimación que el arte suele sufir desde ámbitos tecnocientíficos (en los que son más instituidos que instituyentes y desde mi experiencia, claro está). Muchas especies desarrollan tecnologías y lenguajes, bastante sofisticados, pero que se sepa, ninguna desarrolla arte desde el punto de vista de lo simbólico-subjetivo-poético (que yo sepa). Me miro al Eudald Carbonell.
    Sobre el problema, yo soy mucho de acción-reacción, así que el txt si responde a un estímulo, a un runrun problemático, que tiene que ver con la demanda-presión de practicidad hacia el arte (en realidad hacia cualquier aspecto de la vida), que en realidad creo que en gran medida tiene como respuesta el repliegue desde el propio arte hacia un lenguaje y ámbito propio diferenciado. Yo (y mucha gente) me quedo en medio, mirando como se van separando ambas orillas y no se si tender puentes, optar por uno de los lados o esperar a ver si a medio camino emerge una nueva isla. ¿Hay que tomar una decisión? Supongo que si, porque en flotando en medio del oceano las noches nos muy frías… Aunque ya se sabe ¿Qué es ‘el-arte’?

  5. Hola Ricardo,
    tu post (y el de Amalio) llega justo en un momento personal de mucha reflexión sobre el arte, los artistas y la transformación politico-social que estamos viviendo.
    Percibo que la cultura, esa que “comemos” todos los dias está cambiando. Veo que hay muchas personas (aunque minoría) que se relaciona, dialoga y vive de otra forma. Genera una nueva cultura, un nuevo modelo. Lo hace desde lo cotidiano.

    Me parece fascinante que en muchos casos ni se entiende como una lucha, sino como vida.

    Ahora bien, entiendo que todas estas personas son/somos “artistas”, encajando en las diferentes y muy acertadas “definiciones” que das en tu texto. Somos artistas pero no necesitamos ya esa categoría. Afortunadamente muchos ni caemos, o mejor dicho ni nos obligan a buscarnos o identificarnos en esa u otras categorías.

    El relativismo que tanto debate ha provocado, me parece un arma letal solo cuando seguimos necesitando actuar por y desde algo: en este caso el arte.
    No entiendo porque, dentro del “todo vale”, seguimos dando valor (incluso económico) a las cosas y a las acciones en función del contexto y de la categoría a la que pertenece, según los establecido por lo egemonico (o poder).
    Cuando ya estamos consiguiendo intercambiar y comunicar sin necesitar conocer o pertenecer a categorías especificas, nos podemos alejar de ellas y del miedo al relativismo.
    Ahora volvemos a lo politico, a lo etico y a las personas.
    Quizás es banal.

  6. Aupa Domenico.
    Las categorías, las disciplinas son herramientas, pueden usarse de muchas formas, desde luego entre ellas como armas muy peligrosas, pero también pueden llegar a resultar útiles en lo cotidiano, en la lucha-vida diaria (por lo menos mientras seguimos ensayando la posibilidad de un mundo sin categorías de ningún tipo). Así, para que tod*s seamos ‘artistas’ debemos querer despertar nuestra sensibilidad y capacidad de percepción, desarrollar nuestras técnicas de representación, etc. No es un coto reservado, pero requiere, si no de intencionalidad, si de compromiso, de desarrollo de conocimiento y experiencia.
    Por otra parte, a mi si me preocupa el relativismo, porque creo que no se utiliza como una manera de poner en cuestión el juicio (lo que me parece interesante aunque resulte agotador), sino como una manera de cancelar ese juicio y el compromiso, que tiene como resultado un ‘todo vale’ liberal muy poco libertario, que no empodera, sino que da carta de legitimidad a la (auto)complacencia, la ignorancia y a quienes ya detentan el poder; ya que si todo vale, también vale lo que ya tenemos, y por tanto, la urgencia por un cambio de modelo no es más que otra de las muchas posibilidades existentes.

  7. Hola Richi.

    Me surge la duda de si esa ansiedad respecto al arte que se desprende de tu texto -imagino que ansiedad no te parecerá la palabra adecuada, ponle otra- se debe a las dificultades prácticas, cotidianas (financiación, etiquetas, disciplinas, etc) que supone desarrollar una actividad de frontera, que a veces se define como arte y a veces no, que se constituye justamente en ese lugar de indefinición, o se trata de una preocupación más personal, o más metafísica si quieres sobre qué es arte o qué no lo es. O por decirlo de otro modo, ¿sin esas dificultades concretas, tus dudas serían las mismas? Y en realidad, ¿por qué dudas?

    No iniciaría una discusión sobre el tema pero a mí también me ha dejado “picueta”, como dice El Comidista, eso de que “el arte -y no el desarrollo de tecnologías- es lo que nos hace específicamente humanos”. Yo no compartir o yo no comprender o tú haber tomado la pócima del artistismo y estar turulato.

  8. La mezcla de las prácticas cotidianas situadas con las preocupaciones más metafísicas, la reflexión personal y la interpelación del contexto, son lo que supongo genera esa ansiedad, que tiene que ver con las decisiones a tomar en una situación compleja.
    Sobre la frase del arte que nos hace humanos, como le comentaba más arriba en uno de los comentarios a Ramón, tiene que ver con mi tecnofobia hacia la tecnofilia-tecnócrata institucionalizada…
    Y es que si, hay días que me tomaría la pócima esa que dices.

  9. Después de semejante ristra de textos llego a mi conclusión: ¿qué no es arte? Porque creo que es cuando las orillas se separan y aparecen islas cuando hay que tomar decisiones: ¿dónde me quedo? Y eso es elegir. Pero, claro, ¿quién elige cuando todo se sigue moviendo? Vale, hoy elegimos A y mañana B. No pasa nada. ¿O sí? El problema es que la verdad hace tiempo que salió a comprar tabaco y hasta hoy. Estamos esperando.

    Creo que fue en el artículo de Amalio donde introduje la reflexión de Gilles Lipovestsky y Jean Serroy en su libro “La cultura-mundo”. Para mí es un planteamiento muy interesante: sustitúyase la palabra “cultura” por la palabra “arte” en el siguiente párrafo:

    En los tiempos hipermodernos, la cultura se ha convertido en un mundo que tiene la circunferencia en todas partes y el centro en ninguno.

    ¿Supone eso que no hay que perseguir una definición de “artista”? ¿Nos siguen haciendo falta las categorías? Yo creo que cada vez más -esto creo que se lo he escuchado a María ptqk- de lo que se trata es de asumir una determinada opción política en su más amplio sentido. No es tanto qué es arte o quién es artista. Y hasta aquí puedo escribir. Creo que me duele un poco la cabeza 😉

  10. Saioa Olmo me manda unos fragmentos de ‘EL ARTE COMO EXPERIENCIA’ de John Dewey que creo pueden ser de interés en esta conversación sobre el arte, las tecnologías y el ser humano en todo esto:

    “El arte está, pues, prefigurado en cada proceso de la vida. Un pájaro construye su nido y un castor su casa, cuando las presiones orgánicas intensas cooperan con los materiales externos, de manera que las primeras se cumplan y los últimos se transformen en una culminación satisfactoria. Podríamos dudar de aplicar la palabra arte, si dudamos de la presencia de una intención directiva. No obstante, toda deliberación, todo intento consciente nace de cosas ejecutadas orgánicamente, a través de un juego mutuo de energías naturales. Si no fuera así, el arte estaría construido sobre arenas movedizas, aun más, sobre el aire inestable. La característica contribución del hombre es la conciencia de las relaciones descubiertas en la naturaleza. A través de la conciencia, convierte las relaciones de causa y efecto, que se encuentran en la naturaleza, en relaciones de medio y consecuencia. Más bien la conciencia misma es el principio de tal transformación. Lo que era mero choque se convierte en un invitación; la resistencia es usada para cambiar los arreglos existentes en la materia; las facilidades llanas llegan a ser agentes para la ejecución de una ide a. En estas operaciones un estímulo orgánico llega a ser portador de significado, ylas respuestas motoras se transforman en instrumentos de expresión y comunicación; ya no son meros medios de locomoción y reacción directa. Entre tanto, el substratum orgánico queda como un acelerador y un cimiento profundo. La concepción y la invención no podrían efectuarse, separadas de las relaciones de causa y efecto en la naturaleza; la experiencia, separada de la relación con procesos rítmicos de conflicto y satisfacción en la vida animal, carecería de designio y modelo; la idea y el propósito, separados de los órganos heredados de los ancestros animales, carecerían de un mecanimso de realización. El arte primitivo de la naturaleza y de la vida animal es el material y, a grandes rasgos, el modelo para las realizaciones intencionales del hombre, a tal punto que la mente teleológica ha imputado a la estructura de la naturaleza una intención consciente; de manera semejante al hombre que, puesto que comparte muchas actividades con el mono, es llevado a pensar que éste imita sus propias ejecuciones.”
    “La existencia del arte (…) es la prueba de que el hombre usa los materiales y las energías de la naturaleza con la intención de ensanchar su propia vida, y que lo hace de acuerdo con la estructura de su organismo, cerebro, órganos de los sentimientos y sistema muscular. El arte es la prueba viviente y concreta de que el hombre es capaz de restaurar conscientemente, en el plano de la significación, la unión de los sentidos, necesidades, impulsos y acciones características de la criatura viviente. La intervención de la conciencia añade regulación, poder de selección y redisposición. Así, se producen infinitas variaciones en el arte. Con todo, su intervención también conduce en su momento a la idea de arte como una idea consciente: la más grande conquista intelectual en la historia de la humanidad.”

  11. Bien por las ideas y el debate generado. Y sin embargo a veces (especialmente últimamente) pienso en dónde queda el lugar para la experimentación por la experimentación. Esa práctica ligada al experimento que no tiene, ni tendrá ni busca otra solución que su propia duda. Experimento radical al que no le preocupa el arte, pero que puede pasar por arte. Experimento radical como forma política de “no-tener-que-rendir-cuentas-a-nada-ni-a- nadie”…. ¿qué hacemos con los poetas? ¿qué hacemos con los poetas que no necesariamente quieren cambiar el mundo?

  12. Supongo que mi propia deformación me impone las mismas barreras que me gustaría saltarme. Porque realmente el txt surgía de esa inquietud relacionada con el espacio casi inexistente que queda para la experimentación radical, la investigación pura. Nosotr*s, que siempre hemos transitado por la aplicabilidad, por lo instrumental, vemos claramente limitado el campo de acción-incidencia, porque ahora más que nunca, el carácter práctico se impone como discurso único, hegemónico y homogeinizador, desde lo público y desde el mercado.
    Así que ¿cómo recuperamos ese espacio político para la poesía? ¿podemos ponernos al servicio de l*s poetas para acometer esa lucha conjuntamente sin terminar instrumentalizándoles? ¿podemos recuperar la poética en nuestras prácticas alaienadas que pretenden ser emancipatorias? ¿emergerá lo poético desde otros lugares no identificados con todo su potencial instituyente?
    La verdad es que mirando la realidad de frente cada día siento más crudamente la derrota. Y el agotamiento de resistir, tratando de no caer ni en la nostagia, ni en lo meramente reaccionario ni numantino. Todo invita a dejarse llevar y esperar el colapso. Últimamente me acuerdo de la primera vez que vi Tetsuo… Pero no recuerdo como termina la peli.
    Ingenuamente, tratamos de articular tímidas propuestas desde lo colectivo, desde lo colaborativo. Probablemente ahí también actuamos con demasiada urgencia y dejamos poco (nada) espacio para la poesía…
    Un gran abrazo Fito.

  13. Muchas gracias Richi por compartir este buen “ejercicio de auto-ayuda” e invitarnos al debate, que está siendo interesante y sugerente.
    Creo que es necesario y útil que el debate sobre qué es el arte y qué hacen l*s artistas mantenga hilos abiertos de forma permanente. El contexto es complejo, los tiempos son difíciles y estas circunstancias pueden que lo hagan más necesario si cabe.
    El recurrente cuestionamiento propio del campo del arte, en busca de sus límites y funciones nos sitúa siempre en un efímero equilibrio, que reconozco que es incómodo y a veces llega a ser agotador (como tu mismo dices). A pesar de ello no considero que esto sea negativo, sino síntoma de que es un campo que está vivo. La vida tiene esto, que está llena de incertidumbres que nos atraviesan y nos transforman continuamente. No obstante, como decía Amalio es necesario alguna acotación de vez en cuando. Los ejercicios de redefinición a los que recurrentemente se somete el arte y l*s artistas, no dejan de ser intentos de posicionamiento, estudios para resituar “puntos de anclaje” (no fijos) que puedan facilitar el equilibrio por un rato, conscientes de que este será necesariamente dinámico y nos obligará a reacomodar la posición en el siguiente paso del proceso.
    Comparto en gran medida la letanía de reflexiones que has apuntado sobre qué puede ser el arte, tal vez porque yo también me encuentre andando a la deriva, transitando muchos de esos escenarios posibles para el arte, asumiendo la complejidad y tratando de experimentar modos de hacer, aprendiendo en el proceso de ir haciendo, a base de prueba y error y contrastando experiencias.
    A partir de la reflexiones que propones sobre qué puede ser el arte me parece interesante rescatar algunos matices, que están latentes en tu lista y hacerlos más explícitos por si pueden contribuir al debate. Son aspectos que en este momento me interesan especialmente por su potencial transformador y que pueden complementarse entre sí. Uno es el “arte como herramienta de aprendizaje” (personal, colectivo, social). Otro es el “arte como palanca para construir mundos posibles (no necesariamente previsibles) a partir de acciones y prácticas situadas. Por último, el “arte como movilizador de emociones” que conecta con lo último que apuntas en el texto de una arte que pueda “implicar-afectar a las personas”. Creo que esta última función y capacidad del arte ha sido desatendida, o tal vez poco valorada, por una parte considerable de las prácticas contemporáneas, preocupadas en exceso por una autonomía radical y que ha terminado por convertirlas en puro formalismo autocomplaciente, y desconectado de la realidad. Sin apelar a las emociones es imposible conectar con otros, motivar interés y menos aún movilizar su complicidad para generar el mínimo diálogo que permite que algo pueda seguir alimentándose y se mantenga vivo. Puede que este sea un aspecto importante a revisar y repensar junto con la (auto)crítica que mencionas y con la necesidad de experimentar. El arte parece haber perdido un terreno muy valioso en el trabajo con las emociones, hoy va muy por detrás de otras artes como la música o el cine, o incluso del deporte (no hay más que ver las pasiones que despierta el futbol o la última carrera de los 200m en las recientes olimpiadas), del diseño y no digamos de la publicidad (con sus usos perversos de lo emocional). No se entiendan mis palabras como un alegato al uso instrumental de lo emocional, sino más bien una puesta en valor de su potencial para transformar el mundo, que el arte casi había olvidado.
    Compartir puntos de vista y dudas creo que sigue siendo útil para repensar por qué puede valer la pena seguir dedicándonos a “esto del arte”. Nunca creo que esté de más recordar que el compromiso, la resistencia, la acción, la comunicación y la colaboración son también aspectos fundamentales del arte y que la práctica artística implica arriesgarse y posicionarse en el mundo, también ideológicamente (como apuntaba Amalio).

  14. Aupa Teresa.
    Justo ayer en el nº1 de la revista Pipa me leí una texto de Peio Aguirre que creo tiene algo que ver con lo que comentas del “arte como movilizador de emociones”. No hablaba de emoción, sino de amor. Se titula ‘El amor como producción: una pequeña teoría de la economía del arte’. Creo que el texto completo no está en internet, pero aquí dejo un link al blog de Peio donde habla sobre él: http://peioaguirre.blogspot.com.es/2012_07_01_archive.html#7441572809440213128

    Y rescato aquí parte del comentario que he dejado sobre el texto. Peio, en la última parte de su ensayo titulada ‘Love & Curate’ dice que “todo lo que sabemos hacer es amar el trabajo de los demás y por tanto, lo único que sabemos es respetar, admirar y apreciar el trabajo de otros (sus textos, sus propuestas artísticas, sus ideas materializadas), integrándolo en nuestro organismo. Lo cual nos lleva a considerar el hecho de hacer algo con todo aquello que no siendo nuestro a priori, también nos pertenece. Pero en lugar de abrir las puertas a un apropiacionismo incontrolado a una liberación total de los derechos de autor, lo que el autor como receptor en primer lugar sugiere en primer lugar, una ética que pasa por una necesaria subjetivización afectiva, una densidad y una responsabilidad para con la historicidad que se desprende de ese modo de actuación”. Bajo mi punto de vista, es un buen punto de partida, hay un claro intento de amar (además ecológico, permaculutral), pero que no termina de liberarse(nos), sino que marca las normas, el método a seguir para ser un buen amante, para no traicionar el amor de quien lo ofrece. Creo que el amor lo será cuando asumamos el riesgo de abrirnos, de arriesgarnos a que el otro no nos ame del mismo modo. Si la reciprocidad se da por norma (da igual su naturaleza), no creo que llegue a ser amor. Es cierto, tenemos miedo al apropiacionismo incontrolado, porque estamos pensando en todos aquellos que no nos aman (hay tantos!). Pero quizá merezca más la pena centrarnos en quienes quieran amarnos y sobre todo, nosotros amar, sin ‘licencias’. Ese es el salto en el que estamos, del CopyRight al CopyLetf y de ahí un doble mortal con tirabuzón hacia el CopyLove. Procomún, amor y remezcla, y mejor Hamor con H, de dejarse habitar por el otro.

    ¿Podemos hacer que la libertad lo sea sin caer en el liberalismo ni en el libertinaje? ¿Podemos hacerlo sin imponer para ello normas ni métodos? ¿Podemos recuperar el papel de las emociones, del amor en todo esto? ¿Cómo puede el arte a la vez que se libera, ayudarnos en esta tarea de liberarnos?

  15. También en la revista Pipa me encontré un artículo de Fefa Vila bastante recurrente para esta conversación ‘¿Y si dejáramos de ser artistas?’. La eterna pregunta de quienes probablemente menos ganas tenemos de dejar de serlo, pero para conseguirlo necesitamos encontrar otro camino, otra forma de practicar.

    Fefa nos habla también desde el hoy, desde este jodido momento que “nos empuja a encarnarnos y reconocernos en conflicto, en un paradójico conflicto que nos engulle y en el que se nos va la vida”. Un momento lleno de preguntas sin respuestas en el que ya hasta dudamos de la pertinencia de seguir interrogándonos, porque “¿Compartimos una conciencia solidaria común que nos permita nombrar sin necesidad de arrepentirnos y pedir disculpas al minuto?”. Fefa nos(se) hace la pregunta desde un lugar contingente, las prácticas artísticas y culturales queer, pero cada cual podríamos poner en cuestión nuestras propias prácticas, nuestras contingencias “¿Han dialogado mezclándose con otros, conversando con los vecinos y los extranjeros o más bien han optado por el monólogo, la torre de marfil que atiende sólo a lo suyo y comparte sólo con su manada los frutos del árbol caído?”. Y es que, si ese encuentro mutante era quizá la forma y el fondo, hemos demostrado “poco ‘arte’ a la hora de mezclarnos colectiva e individualmente con lo impensable y lo paradójico”. Ella, generosa, nos ofrece una(su) posibilidad: “Si el cuerpo ya era campo de batalla en los 80, hoy el campo de batalla es la vida misma. Desocupemos nuestros propios cuerpos, nuestras propias identidades, para que pueda emerger la fuerza y la acción individual y colectiva del anonimato y de lo paradójico”.

    Además, Fefa, como a medio camino, nos deja una frase a la que sigo dando vueltas, porque aun no se si entenderla como un clavo al que agarrarme o se trata de una invitación a despertarme cayendo por el abismo sin vuelta atrás… Sea como sea, creo que es una posibilidad desde la que seguir interrogándonos: “Soy de las que piensa que las puertas se abren cuando llegamos a preguntarnos si seguimos siendo de los nuestros o hemos ya mutado y no lo hemos percibido.

  16. admin_colaborabora

    Estos días Amalio ha publicado un post titulado “15+1 cosas que podemos aprender del arte”. Enlaza con conversaciones que ya tuvimos por aquí, así que aquí va el link: http://www.amaliorey.com/2015/01/12/151-cosas-que-podemos-aprender-del-arte-post-437

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